Un mundo de preguntas, a veces sin respuestas
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lunes, 21 de agosto de 2017
Táctica y estrategia - Mario Benedetti
lunes, 14 de agosto de 2017
Mi experiencia The Samurai Game
Mi única expectativa cada vez que voy a un curso es aprender, porque estoy consciente de que no se nada y debo aprender mucho.
Este en particular era fortalecer el liderazgo. No voy a contar los detalles técnicos del curso porque la idea es describir cómo me sentí durante el mismo.
Al inicio me sentí cohibida por la forma en la que habían colocado las sillas para los asistentes, en forma de U, solo sillas sin mesas ni nada, en medio de un salón muy amplio. Esa ubicación indicaba que era casi que una sesión de mirar a los demás y hablar de uno mismo y a veces cuando uno guarda tanto, eso suele ser peligroso.
El instructor siguió con la descripción del origen del juego, y la agenda a seguir. Acto seguido pidió que nos paráramos y que empecemos a caminar dentro del salón sin tocarnos y solo caminar, quería ver el flujo de energía que emanaba de nuestros cuerpos. Y empezaron las triadas, debíamos hacer grupos de tres personas, desconocidas totalmente, presentarnos y responder a la pregunta: ¿En qué disciplina o actividad podrías ser campeón mundial?
Ajá y yo que valgo pistola en cualquier disciplina dije "me jodí, ya sabemos quién será la loser del grupo". Y así pues se presentó la primera persona, dijo donde trabajaba y qué hacía en su empresa, respondiendo a la pregunta dijo que podría ser campeona de tenis (y mi cerebro solo atinó a pensar que disciplina más aniñada ha escogido!) y si no era eso pues era buena organizando eventos. Muy bien!
La segunda persona dijo su nombre y donde trabajaba seguido de todas las actividades que realizaba. Ella podría ser campeona mundial de maquillaje.
Y luego estaba yo, diciendo los nombres que mis padres habían escogido para mí y tratando de explicar que hace la compañía para la cual trabajo y mis actividades. En el poco tiempo que tuve traté de pensar en qué disciplina o actividad podría ser campeona mundial y la verdad es que me dije a mi misma: para lo único que eres buena es para escribir huevadas. Pero obvio no iba a decir eso así que se me ocurrió decir que podría ser en manualidades.
Segunda ronda: menciona 3 momentos felices de tu vida. Bien!
De la misma manera, debíamos caminar por el salón y luego agruparnos de a tres. Igualito nos presentamos y me pidieron que esta vez yo responda primero. Blanco total en mi cerebro, no puede ser que no pueda mencionar tres momentos felices de mi feliz vida! Atiné a decir que el día en que nació mi hija, pero en mi cerebro analizaba si realmente fue uno de esos momentos, luego recordé lo difícil que fue, el miedo que sentí y quizás no fue del todo feliz ese día en específico, más bien debí decir el día que por fin pude llevarme a mi hija a casa. Mi segundo momento feliz cuando supe que mi mamá había superado el cancer e inmediatamente recordé la noticia que me habían dado justo el día anterior y la preocupación que había aplacado hasta ese momento, volvió a surgir. Mi tercer momento feliz, el día en que me gradué de la universidad, eso salió sin pedir permiso, ni nada. Ni siquiera había recordado ese día, hacía tanto tiempo de eso. Insisto, es increíble cómo funciona mi cerebro.
El señor coincidió conmigo en el nacimiento de su primera hija, también fue feliz cuando renunció a su compañía en la que había logrado todo, para empezar de cero desde un escritorio en su casa, ahora su emprendimiento de aquella vez es una de las empresas de software para el agro más importante de la región.
La señora, fue feliz al enterarse de que estaba embarazada hacía una semana atrás cuando escuchó por primera vez los latidos del corazón de su bebé. También, cuando su hermano discapacitado consiguió por primera vez trabajo. Y al igual que yo fue feliz cuando se graduó.
Es impresionante las coincidencias que puedes encontrar tan solo compartiendo algo de ti. En los tres casos en dar la vida a un ser ha sido algo que nos ha dado felicidad, también poder experimentar la alegría por logros de quienes amamos y yo definitivamente me quedé con esa experiencia de renunciar a todo y empezar de cero.
Última ronda: ¿cuál ha sido tu mayor desafío?
Bueno, aquí es cuando hago de tripas corazón y obligo a mi cuerpo a no producir lágrimas para no hacer un papelón. Piensa rápido, piensa rápido!
De nuevo el paseo por el salón y el encuentro con dos personas totalmente desconocidas, risas nerviosas.
Nuevamente me toca empezar a mi y digo: sobrellevar el cancer de mi mamá! El tema más fresco en mi memoria, pero estaba mintiendo aún no lo superamos, volvimos al punto de partida. La depresión, quizas, pero ahora me pregunto si ya es otro tema cerrado. Continuo con la explicación poniéndole un final feliz a la historia. La señora se presenta diciendo de entrada que era divorciada. La presentación era de la persona, por lo que al decir eso sentí que quizás ese era su más grande desafío. Contó su historia del desafío que fue para ella sacar adelante a su mamá después de que su padre falleciera de cancer.
Luego la otra chica me pregunta si mi mamá salió bien del cancer y mentí otra vez, dije que si, y ella coincide en que también perdió a su padre por el cancer y que su desafío es lidiar con su mamá sumida en la depresión. Juro por Dios que tuve que contenerme. No puede ser que las tres personas tengamos los mismos demonios con los cuales lidiar, sin mencionar lo difícil del divorcio de la señora.
Se acaba la tríada, me reúno con mis compañeros y les digo: definitivamente yo no quiero relacionarme con nadie, no sirvo para esto!
Luego hacemos una sesión de meditación guiada. Suena a cacho pero realmente mi mente se sumió en el blanco perfecto de la meditación. Sentí físicamente la liviandad de mi cuerpo y la relajación total de mi corazón, respiré! Definitivamente necesito más de eso en mi vida, así que tocará apuntarse a las clases de yoga ;)
Tuvimos un break de cositas ricas y compartir con los compañeros, selfies para sacar pica al que no pudo ir y contarnos lo que habíamos sentido y la expectativa que nos había generado.
Al regreso el tutor nos pidió que formemos un círculo, le pidió al compañero más pesado del grupo y escogió a 4 personas entre delgadas y normales ara hacer una dinámica.
Los cuatro debían unir sus dedos índices como si estuvieran sosteniendo una pistola. Le pidió a mi compañero sentarse en la silla que había dispuesto en El Centro del círculo y le pidió a los 4 que se ubicaron alrededor de ella. Luego cada uno debía ubicar sus manos debajo de cada punto de sujeción de mi amigo. Las chicas cada una debía poner sus manos debajo de las rodillas, los chicos debajo de las axilas de mi compañero y luego vino la instrucción más extraña del mundo: Así como están, levántenlo! Y todos: ¿Qué? Eso es imposible!
Pero insistió y lo hicieron, obviamente no lo movieron ni un milímetro.
Lo que vino después fue lo que más me sorprendió del asunto.
El instructor hizo que cada uno de los cuatro pusiera la mano izquierda de cada uno, en orden de izquierdo a derecho y luego las manos derechas de cada uno sobre la cabeza de mi compañero, le pidió a mi compañero que se sintiera delgado. Hizo que repitan: nosotros podemos levantarlo. A la cuenta de 5 cada uno se ubicó en sus posiciones y lo levantaron! Sí, lo levantaron! Y ni el se lo creía y yo peor!
La moraleja: todos estamos hechos de energía y si la canalizamos correctamente podemos lograr cosas asombrosas.
Y solo con este punto podría escribir un testamento, energía bien canalizada, y es que hay tanta verdad en eso.
Continuará
viernes, 21 de julio de 2017
Depresión
Sí, aquella enfermedad que se ha vuelto una epidemia en un mundo totalmente contaminado de cosas malas. La viví, sentí y superé, a veces asoman atisbos de tristeza y recuerdos de esa época, pero me sacudo los malos pensamientos como quien se sacude un zancudo rondando por su cabeza.
¿Cómo fue para mí?
Silenciosa, aplastante, excluyente y muy dolorosa.
Literalmente sentía el dolor físico que puede llegar a causar, sentía esa presión en el pecho que no deja respirar, el insomnio que me provocaba hacía que al siguiente día me convirtiera en un zombie, un zombie que aparentaba estar bien, que siempre sonreía delante de todos, la payasa que permitió que ese estado la vaya devorando por dentro.
Para colmo de males vivía sola, miles de veces cuestionaba mi existencia. Cada vez que llegaba a mi departamento, la sonrisa se desvanecía al cerrar la puerta.
No tenía apetito, no tenía sentido cocinar para una sola persona. El cansancio me podía, trataba de concentrarme en lo que más me gustaba, la lectura, pero a veces mi mente simplemente volaba. Me hacía mil preguntas sin respuesta, ¿qué había hecho mal? Algunos días me respondía que quizás la decisión de vivir sola fue muy apresurada, otros días simplemente que mi vida estaba destinada a ser un eterno espiral de la derrota como la canción. No veía todo lo bueno que tenía, no me importaba verlo, estaba en un estado en el que veía todo mal.
No entendía cómo, si había pasado lo del cancer de mi mami, mis errores de ese tiempo y todo, me permitía estar en esa condición.
Descubrí que soy una actriz genial, nadie se daba cuenta, seguía siendo la misma "chica divertida" para todos, y yo simplemente me vaciaba más y más por dentro. Ahora siento la repercusión de todo aquello que dejé morir. Nunca más fui detallista, nunca más se me ocurrió hacer cosas lindas para las personas que amo, para nadie, ni para mis papas, ni hermanos, ni esposo, ni hija. De una u otra forma dejé que una parte de mi muriera, quizás la parte sensible de mi y es que me dolía, realmente me dolía.
La psicóloga me dijo: escribe en un cuaderno todo lo que te haga daño, repítete a ti misma que lo que pensabas que existía no existe en realidad, porque quien te ama no se va de un día para otro.
¿Cómo es posible que un día tengas un océano de sentimientos y al otro día se desaparezca todo? A algún lugar tuvo que ir, ¿o no?
Y así hice planas enteras repitiéndome que lo que había vivido tantos años solo fue producto de mi imaginación, en un intento de resetear mi cerebro para ver si así en algo mi corazón dejaba de sentir y no era solo tristeza o pena, era abandono.
Lo bueno, quizá, es que siempre fui optimista, siempre buscaba lo positivo de lo negativo. En mi obsesión de salir de ese estado, busqué gente, usé a personas y dejé que me usaran. Solo quería sentir un poquito de lo que estaba acostumbrada a sentir, vivía en una montaña rusa, a veces cargada de adrenalina por las cosas estúpidas que hice y cuando se acababan llegaba como un huracán el hastío, la insatisfacción, el golpe de realidad en el que me daba cuenta de que seguía estando en el mismo punto de partida pero más rota.
Creo que en mis genes no está la valentía de quitarme la vida y por eso nunca lo hice, ¿que si lo pensé?, sí, más veces de las que cualquiera podría imaginar e inmediatamente pensaba en lo que dirían los demás, ¿cómo se sentiría mamá?, ¿cómo se sentiría papá?, ¿qué ejemplo le dejaría a mis hermanos? (Porque tenía metido en la cabeza que soy y siempre debía ser su ejemplo, el mejor de todos).
Quizás esa responsabilidad, esa carga autoinculcada hacía que me deprima más, debía ser mejor, siempre la mejor, no podía fallar. Y si me mataba no sería más que la perdedora que confirmaba con eso que era una fracasada. Así que con esa contradicción en mi cabeza luchaba por salir del hueco.
Al rato leía frases motivacionales y más tarde veía documentales de gente que se había matado de sobredosis, también me pregunté qué pasaría si me drogaba, o medicaba, al final es lo mismo. Recordé las pastillas que tomaba para mí crisis nerviosa, recordé lo que sentía cuando estaba drogui, era raro, veía pasar todo lento, mi cerebro todo lo procesaba lento, pero al menos no tenía ansiedad. Esa ansiedad que te hace cometer estupideces. Pensé en ir nuevamente al neurólogo para que me recete, pero nuevamente me acobardé. No niego que un par de veces tomé más de la dosis normal de Xanax, pero era simplemente para poder dormir, para poder descansar y simplemente seguir.
Y así pasaron meses en los que iba a farras, a la playa, a todos los lugares posibles con amigos a los que engañaba haciéndoles creer que me divertía y que estaba superando a mi "ex", ya no se trataba solo de mi ex, era sobre todo lo que estaba mal en mi vida. Viajé, estudié, bebí, bailé, tuve sexo con desconocidos y con conocidos también, tuve nuevas relaciones tormentosas y seguía estando rota.
Un día de esos en los que las fuerzas se alejan de ti, regresaba de casa de mi mamá al departamento un poco antes de que me cambiara a casa de papis hasta esperar que me entregaran mi casa y mi mente estaba volando quién sabe dónde, mi cerebro no procesaba nada. Debía cruzar una calle que por lo general es transitada y fije mi mirada en el otro extremo de la calle a donde debía llegar, miré a los costados y sí, vi que se acercaba un carro, mi cerebro sabía que no debía echar a andar, pero mis piernas simplemente lo hicieron. El carro frenó y yo solo me vi poniendo las manos sobre el capot como si fuera a detenerlo con mi fuerza "sobrenatural", el señor frenó a tiempo y me insultó, abrió la puerta de su carro y supongo que al verme simplemente decidió seguir, insultándome, pero me dejó ir sin más. Yo no reaccionaba, solo atiné a seguir mi camino y llegar al depar. Cuando llegué estaba temblando y empecé a llorar, no como siempre, lloré toda la pena que sentía por mi misma, por haberme abandonado tanto, por haberme dejado a un lado, por haber permitido tantas vejaciones, por haberme defraudado, por haber creído durante tanto tiempo de que mi felicidad dependía de una persona y que sin ella nunca más sería feliz.
Desde aquella vez empezó el cambio, día a día era una lucha constante, pero a diferencia de antes me autoconvencía que todo iba a estar bien, que yo si podía, que solo había que hacer un esfuerzo más, todos los días, todas las noches sola.
Cuando regresé a casa de papis estaba obligada a estar mejor. Debo siempre ser el ejemplo!
Además, a menos que tuviera la valentía para autoliquidarme, tenía aún muchísimos años más de vida y era mi elección vivir ese tiempo sintiéndome menos que una cucaracha o empezaba a valorar todo lo bueno que tenía. No es fácil salir de ese estado, no es tan fácil como decir desde hoy todo cambia, pero siempre llega un momento en el que encuentras esa lucesita que ilumina el camino a la salida, a veces con ayuda, a veces a manera de accidente y otras quizás de la mano de Dios y solo hay que seguir su luz.
Nota: es la primera vez que expongo esto así y aunque me molesta hacerlo, creo que ya era hora de sacarlo. Solo espero que quien lo lea no juzgue, no haga prejuicios de esto, como siempre digo es mi forma de hacer catarsis.
Mona
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